SUS FUNDADORES LLEGARON DESDE LOS TALLERES DE TAFÍ VIEJO, TUCUMÁN.

Supo escribir don Elías Chucair que “a la historia no la constituyen únicamente las acciones de combate ni la sangre que se derrama, sino también la conforman la suma de hechos que se suceden en la vida cotidiana de los pueblos y que tienen en el hombre el principal protagonista”.

“Traer hasta nuestros días distintos matices de un historial ocurrido ayer, significa un modesto aporte para el conocimiento y valoración de nuestro patrimonio y a la vez, rendir homenaje a quienes fueron pioneros en circunstancias que la única alternativa que existía era el sacrificio y la lucha”.

Y Elías tiene toda la razón. Gracias a esos esforzados buscadores de la pequeña gran historia de nuestros pueblos podemos desde el presente hacernos una idea de cuánto aportaron a la política, al deporte, al comercio, a la cultura y a la vida cotidiana de los mismos.

Poca gente por ejemplo recuerda cómo se llegó a formar el Club Talleres de San Antonio Oeste y cuándo tuvieron que ver en ello los esforzados trabajadores del riel, aquellos ferroviarios que dieron a la Patagonia jirones de su vida.

Según cuenta el historiador Héctor Juan Izco en su ameno libro “San Antonio Oeste y el mar – Origen y destino” hablando de las entidades deportivas que “Luego otra institución se sumaría a los clubes que practicaban el fútbol (y aclaremos, era por entonces la única actividad de ellos) fue el Club Talleres. Fue por el año 1932 y entre otros, sus orígenes fueron la llegada a los talleres del ferrocarril aquí, de un grupo de tucumanos, trasladados desde los de Tafí Viejo. Y con gente local rápidamente dieron vida a un nuevo club con ese nombre. Vamos a recordar sus nombres, no se sí todos o por lo menos la mayoría: Chividíni, Cruz, Ibáñez, Lobo, Palacio, Geoffroy, Casalla, Porretti, Alfaro, etc.”.

El escritor y poeta José Juan Sánchez en su libro “Raíces de tamarisco” deja en homenaje a ese club un hermoso poema muy sentido: QUERIDO TALLERES: Amarilla y negra de los verdes años, / hoy quiero contarte desde la nostalgia, / esa historia simple, de todos los pueblos, / los que entregan todo y no piden nada.   Sentir tus colores los días de escarcha, / no saber de miedos aquellas mañanas, / cuando los domingos eran más domingos, / cuando las divisas se vendían muy caras, / cuando por dos puntos, se entregaba el alma.   Nobles tucumanos fundieron tu sello, / gracias, sutileza, la fuerza, la garra, / y esa aguante terco de los tamariscos, / entregarse todo sin pedirte nada.  Más de medio siglo regalaste al suelo / la semilla joven de esa estirpe brava, / hijos de valientes, raza de leones / la misma entereza con la misma fama; / dar todo a Talleres sin pedirle nada”.

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta